miércoles, 30 de abril de 2014

UNA IMAGEN VALE MÁS QUE MIL BALADAS

   Desde que el CD conquistó el mercado, las portadas de los trabajos discográficos lucen poco y, como no se venden, hay un gasto mínimo en buenas imágenes, montajes u obras pictóricas de calidad. Todo se hace por ordenador, con mil retoques absurdos, o con una abrumadora escasez de ideas o de tiempo, lo cual denota la falta de interés en las carátulas. Antes, la cubierta era la carta de presentación para el contenido musical y, en ocasiones, esa primera toma de contacto visual era tan importante que muchos discos sólo merecían la pena por la misma. Cuántas veces habremos pensado aquello de “lástima de canciones, con lo que mola la tapa”. En el sector de los videojuegos el engaño era máximo: miles de increíbles estampas ocultaban programas paupérrimos.


Asia "Aqua" y "Arena" por Rodney Matthews, Iron Maiden "Powerslave" por Derek Riggs, y Manowar "The Triumph of Steel" por Ken Kelly.

   Con la vorágine de cambios y crisis que vivimos (y en el mundo de la música, con especial atención al Rock) no todos los grupos ni compañías pueden permitirse destinar un equipo de profesionales a un emplazamiento para realizar fotografías, ni mucho menos contratar a ilustradores de la talla de Rodney Matthews (Asia, Magnum), Ken Kelly (Manowar, Kiss) o al afamado Derek Riggs (Iron Maiden, Gamma Ray). En vez de soportar tamaño desembolso, se opta por el otro extremo, en perjuicio de la calidad del producto final. Véase sino un ejemplo en uno de los últimos plásticos de Running Wild, en los que prescindiendo del genial Andreas Marschall el resultado es más que nefasto.






















Running Wild “Black Hand Inn” (1994) con una preciosa obra de Andreas Marschall y “Shadowmaker” (2012) con cubierta de saldo.


   Black Sabbath es una de las pocas bandas que sigue haciendo las cosas bien y se han molestado en fabricar y quemar el número que protagoniza su último álbum, llamado “13”. Creo que estos detalles el público los agradece y más cuando el contenido musical es excelente. Desenlace redondo en este caso.







  








  Durante años, mi melomanía ha sido eclipsada por el trabajo y se ha reducido a escuchar discos en el coche. Quedaron atrás los días en que componía temas nuevos cada varios meses y mi tiempo libre consentía que grabara hasta maquetas.
   Todo este rollo viene a cuento porque este año tengo previsto dejar finiquitadas 6 o 7 canciones que tengo terminadas desde quinquenios y me gustaría que quedaran reflejadas en un CD para disfrute y regocijo personal. Se englobarían dentro del proyecto Ave Fénix Resurrección, con el que dí mis primeros pasos creativos y en el que ya solo me acompaña mi amigo Jose Ángel. Como quiero que todo sea especial, he optado por crear una carátula al estilo tradicional, buscando un paraje pintoresco y rodeándome de amigos que me ayuden a plasmar algo que merezca la pena.
   Así pues, esta pasada Semana Santa aproveché la estación de tren abandonada de Bahabón de Esgueva (Burgos) para cristalizar las ideas que tengo para el libreto interior. No revelaré mucho más, ya que las sorpresas tienen eso de malo, que hay que esperar con paciencia hasta que exterioricen su argumento. Daré solo unos pequeños pero suculentos detalles: hay estilizadas piernas femeninas, raíles ferroviarios y una Gibson Les Paul Standard. ¿Qué más se puede ambicionar?.



 











   Aquí se puede ver, en cierto modo, un “cómo se hizo” (making of) de lo que será la futura “cover” del EP. Para alcanzar un resultado  digno, tengo que agradecer la ayuda de Carla (fotógrafa), Ismael y Mari Mar (avituallamiento cervecero), Tom (apoyo logístico), Justo (quien aún no sabe que tendrá que dedicar horas de Photoshop para auxiliarme) y a las modelos improvisadas sin las que no sería posible la portada: gracias a unas de las chicas más hermosas que conozco, mi novia Susana y mi “cuñada de hecho” Piluca, que otorgarán un atractivo al compact que no podrá superar la música interior.


   Sí. Así yo también explotaré el recurso que comentaba al principio del artículo: bellas efigies de carta de presentación para ocultar un producto exiguo de calidad.

domingo, 30 de marzo de 2014

MITOS DESMITIFICADOS

El Minotauro fue sobrero en la plaza de Creta,
el caballo de Troya apolillado estaba,
Ulises descargaba en mp3 cantos de sirenas,
a las niñas bonitas Caronte dinero no cobraba.

Sansón a los 30, alopecia sufrió,
al rey de Macedonia nunca gustó la fruta,
Diógenes vivía en barril de vpo.,
Díaz de Vivar fue mercenario con elevada minuta.

Portada del disco "The House of Atreus Part I" de Virgin Steele

Hércules vigoréxico llegó a ser,
hubo guerras por mirar un escote,
Afrodita iba a la clínica de Cher,
el rey Arturo veraneó en Lanzarote,
Nerón cobró el seguro de Roma
y la bella durmiente estaba en coma.

Si sangran tus heridas
y crees no valer nada,
da un abrazo al rey Midas.



   Poesía publicada en la antología "Versos en el Aire" (2012), tras ser seleccionada en el I Concurso de Poesía del mismo nombre, organizado por el colectivo Diversidad Literaria. 

domingo, 2 de marzo de 2014

A LA TERCERA… ¿VA LA DESPEDIDA? (Crónica de un concierto de AC/DC) Parte 5

(Escrito inicial: julio de 2009) (Parte 1 en el post con fecha 7 julio 2011)Ver la Parte 1
                                             (Parte 2 en el post con fecha 3 agosto 2011) Ver la Parte 2
                                              (Parte 3 en el post con fecha 22 julio 2012) Ver la Parte 3
                                              (Parte 4 en el post con fecha 17 abril 2013) Ver la Parte 4

   Llegó el momento esperado, la meta del fin de semana, las diez de la noche del domingo 7 de junio de 2009. Durante los minutos que pasan de la hora anunciada hasta el comienzo de un concierto hay un nerviosismo, unos surcos de vinilo raspados por una aguja en la boca del estómago, una emoción contenida... En fin, son minutos que quieres que acaben pero, a la vez, te gusta experimentarlos siempre, en muchos otros eventos.

   De repente, las luces se apagan y la pantalla gigante proyecta dibujos animados en los que aparece el recorrido de un tren infernal circulando a gran velocidad con Angus y Brian como protagonistas, rodeados de chicas exuberantes y con imágenes llenas de símbolos fálicos y de lo que no son símbolos, sino contenido explícito. El video acaba con un impacto ferroviario espectacular, creando la impresión de estamparse en el centro de la pantalla, la cual se divide en dos, mientras un tren enorme hace aparición en el escenario. Todo esto, unido a efectos luminosos, bocanadas de fuego e imágenes de destrucción, dan una ambientación muy lograda para que comience a sonar “Rock’n’Roll Train”. La primera canción siempre es la más difícil de apreciar por los gritos y la emoción desbordada del público. Le sigue “Hell Ain´t a Bad Place to Be”, un título y un riff de entrada que siempre me gustaron pero que, a la larga, se me hace más que pesado. “Back in Black” me hace pensar en aquella máquina demoledora destrozando el escenario de la gira del “Ballbreaker”. Queda de lujo trece años después.
   Le sigue el segundo tema del nuevo disco, “Big Jack” cuya inclusión en el setlist me parece acertada. Sigo disfrutando con clásicos como “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” o “Shot Down in Flames”, que me hacen olvidar la edad de esta grandísima banda.
   Con “Thunderstruck” tengo mi primera decepción: me suena mal ejecutada, con fallos en la guitarra solista, lenta, sin garra, algo que se nota mucho en uno de los temas más guapos de la historia del rock duro y de los pocos que nunca me he cansado de escuchar. A mi falta de ilusión momentánea no ayuda que la siguiente canción sea “Black Ice”, una de las más insulsas de su último trabajo. Creo que queda totalmente prescindible y dudo mucho que sea incluida en próximas giras.

   La escena mejora con “The Jack” coreada por todo el estadio y acompañada de imágenes en las pantallas de chicas guapas del público. Es la ocasión aprovechada para el famoso striptease de Angus que en su momento me hacía gracia, pero ahora me aburre un poco. Ya no acompaña ninguna bandera en sus calzoncillos y se limita a mostrar el logo del grupo. ¿Qué hubiera generado menos suspicacias,la de España o la de Cataluña?.
   Después, “Hells Bells” vuelve a levantar los ánimos del respetable, aunque Brian Johnson ya no permanece tanto tiempo subido a la campana como antes. “Shoot to Thrill” es otro cañonazo que me encanta, aunque ya van cuatro del disco negro, demasiadas para perjuicio de otros grandes trabajos olvidados por la banda.
   Continúa la descarga con dos canciones más del nuevo plástico: “War Machine” (con bombardeo de guitarras en las pantallas) me suena más acelerada que en estudio (aunque es de las que me entraron a la primera) y “Anything Goes”, la cual creo que es de las más originales que han compuesto nunca: tiene una melodía impropia de AC/DC (por eso me llama la atención) pero eso sí, en directo no me gustó demasiado.
   No me olvido de “Dog Eat Dog”, que se escuchó entre medias, pero es que nunca me ha dicho nada este tema, aunque sonó correcto.

   Turno para “You Shock me All Night Long” y “TNT”, con las que disfruté de lo lindo sin saber que la siguiente me iba a decepcionar enormemente: “Whole Lotta Rosie” fue ejecutada en un tempo inferior a la original, muy ralentizada. De nada sirvió la nueva muñeca gigante hinchable vibrando sobre la locomotora. Me quedé perplejo ante lo que para mí fue destrozar uno de sus mejores hits. Si no pueden tocar algunas canciones por su rapidez, o llegan cansados a esa fase del directo, soy partidario de sustituirlas en vez de adaptarlas a los nuevos tiempos con resultados nefastos, como en este caso. Me parece más correcta la postura de grupos como Deep Purple que, ante la imposibilidad de Ian Gillan de cantar “Child in Time”, la eliminan y no la destrozan.

   Continuará...
   Ver Parte 6

jueves, 16 de enero de 2014

EL UMBRAL DEL PODER. Margaret Weis y Tracy Hickman


Autores: Margaret Weis y Tracy Hickman
Editorial: Altaya
Año: 1994
Valoración: 8,5/10
Temática: Épica / Fantástica


   “El Umbral del Poder” es el tercer libro de la segunda trilogía de la famosa saga Dragonlance. Estando en el instituto disfruté de la primera, llamada Crónicas, que consta de “El Retorno de los Dragones”, “La Tumba de Huma” y “La Reina de la Oscuridad”. Si ya me gustó entonces, al releerla hace pocos años, confirmé que continuaban siendo historias apasionantes y emotivas. Es absurdo negar el valor de “El Señor de los Anillos” en la literatura fantástica mundial, pero creo que no exagero al afirmar, que las obras de Dragonlance escritas por Weis y Hickman están, por lo menos, a la altura del gran Tolkien. Eso sí, los segundos lo tenían más fácil ya que los relatos a describir podían desarrollarlos sobre un mundo y unos personajes ya inventados por el primero.
   En mi modesta opinión, estos autores, poseen múltiples recursos, no se pierden en innumerables descripciones de paisajes, estancias o atuendos, (salvo lo indispensable y nunca generando momentos tediosos); hacen que sus protagonistas sean creíbles, heroes o villanos, con sus defectos, miedos, valores y virtudes; y envuelven las historias en un halo tenebroso, palpitante, pero siempre repleto de amor, enorme protagonista, ya sea entre amigos, hermanos o parejas, pero sin que resulte ñoño o cursi, alcanzando momentos épicos en los triunfos y dramáticos en las derrotas. Todo esto lo consiguen a pesar de utilizar sujetos estereotipados y tópicos de esta temática, como son el enano, el mago, el guerrero, etc. Las primeras lecturas nos traerán a la mente, sin remisión, los juegos de rol y “Dragones y Mazmorras”.
   Con esta segunda trilogía, las “Leyendas de la Dragonlance”, y con “El Umbral del Poder” termina la historia que se inició en “El Retorno de los Dragones”. Los primeros tres ejemplares me gustaron más, sobretodo por la variedad de individuos, razas, territorios, etc. En las Leyendas, la eterna lucha entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, se centra en dos de los protagonistas más interesantes de la saga: los hermanos Caramon y Raistlin Majere. El primero es el típico guerrero fuerte, musculoso, con poco cerebro, bonachón y terrenal. Una especie de Conan amigable, leal y “buena-gente”. El segundo es la antítesis: el mago enjuto, enfermo, decrépito, frágil, maligno y con ansias de poder y destrucción para vengarse de un mundo que le desprecia. Una mirada a sus ojos, con forma de relojes de arena, nos hará entender la visión personal que tiene de un mundo que agoniza, que va muriendo poco o poco y en el que toda criatura se descompone un poco más, con cada minuto que transcurre.
   En “El Templo de Istar” y “La Guerra de los Enanos” (libros 1 y 2 de esta segunda trilogía), podemos echar en falta a personajes de las Crónicas, pero el último volúmen recupera a muchos de ellos para relatar el final de la guerra de la lanza. Al igual que en “El Señor de los Anillos” todo termina de manera bastante abrupta. La confrontación entre dioses, dragones, elfos, hechiceros, enanos, trolls, etc., dependerá de un solo individuo y con él acabará o dará comienzo el reino de las tinieblas.
   No voy a desvelar nada de la trama ni del desenlace, puesto que en este comentario del blog quiero recomendar encarecidamente no solo este ejemplar, sino los cinco anteriores. La fama que ha adquirido la saga Dragonlance en todo el mundo es bastante merecida y a estas alturas creo que supera los cien volúmenes, ya que ha dado pie a secuelas y continuaciones, tanto de sujetos principales, como de secundarios o figurantes sin importancia. Para asimilación correcta y mejor comprensión, es necesario leerlos en orden, puesto que si comenzamos por un libro al azar, perderemos parte del hilo conductor y los nombres, reinos, razas, se nos antojarán más difíciles de aprender y entender.
   En los últimos tiempos, se asocia la literatura fantástica al mundo infantil o a los adultos más “frikis”, pero os aseguro que las obras de Weis y Hickman están escritas con mimo, originalidad (algo difícil en este género) y tienen una calidad literaria indiscutible, no apropiada para críos. Si no me creéis, pongo como ejemplo un fragmento de “El Umbral del Poder” y que sea el propio libro el que hable por sí mismo:
   “Tenía la faz blanquecina, cadavérica. La piel formaba una película tirante sobre los huesos, ribeteaba los labios el matiz violáceo de la muerte y, cuando su oponente abrió la boca en un feroz gruñido, Crysania se enfrentó a sendas ristras de colmillos negros y putrefactos. Sedienta de sangre, aquella criatura engendrada por artes diabólicas extendió hacia la mujer sus garras retráctiles y sus uñas le arañaron la carne de tal manera que, cual si de una mordedura de ofidio se tratase, un agudo y paralizante dolor se difundió a través de sus venas. Jadeando, hubo de soltar al demonio. Éste, ensanchando su rostro en una perversa mueca de placer, reanudó su tarea de torturar al infeliz postrado”.

jueves, 26 de diciembre de 2013

LA HEBILLA ES BELLA

   Nunca fui de los que demostraban su pasión por la música al espectador externo vistiendo ropa llamativa, luciendo larga melena o emitiendo voces estridentes. Mi timidez siempre me hizo ser discreto. Durante mis años más jovenes y rebeldes, como aficionado al heavy y al rock’n’roll, tuve el cabello hasta los hombros y vestí algunas camisetas negras de varios de mis grupos favoritos. Pero mi militancia rockera nunca pasó de ahí, evitando llamar la atención con calaveras, sangre, chupas con tachuelas, cinturones con balas, pinchos y demás parafernalia. Siempre me gustó más la estética rockabilly, con las botas altas de piel acabadas en punta, cazadoras, camisas elegantes y, sobretodo, las hebillas. Eso de llevar un parachoques metálico al frente me cautivó y desde la adolescencia me han acompañado como parte de mi indumentaria. Aficionarme a las mismas fue un paso lógico, ya que el cinturón era de uso inexcusable en mi atavío, puesto que siempre estuve tan delgado que, de no utilizarlo, los pantalones se hubieran dado por vencidos en su lucha contra la gravedad.
Ave tremenda que tuve que revender porque no necesitaba un ariete
   A principios de los 90, en un campamento en Francia, conocí a José Antonio: rocker liberal que no hacía ascos a grupos fuera del género, como Depeche Mode o Pet Shop Boys. Me recompró una hebilla que adquirí en un mercadillo, con un águila enorme, y que no sabía ni cómo ponerme, ya que mi desconocimiento del tema era tan grande que ignoraba que era necesario un cinturón adaptado con remaches para acoplar aquella rapaz.
   La primera hebilla que exhibí, con su cinto y todo, fue una que me regalaron mis padres tras volver de unas vacaciones en Mallorca: era rectangular, con un tren del oeste americano de la Wells & Fargo. Me duró muchos años hasta que un buen día se partió en dos por la mitad. Puedo demostrar que no fue porque me saliera tripa. Por suerte, cuando viajé a Nueva York en 2009, encontré una muy similar en una tienda y no me lo pensé (foto nº 1). El gasto era justificado por sus connotaciones nostálgicas. Gracias a ese desplazamiento a EE.UU. pude comprar algunos ejemplares muy guapos, ya que en España cuesta mucho encontrar motivos que no sean rosas o símbolos del dólar.




   Con el tiempo he ido formando una pequeña compilación en la que hay de todo: desde las piezas más heavies (foto nº 2), pasando por las más bonitas y discretas (fotos nº 7, 8 y 9), hasta llegar a las más originales y llamativas. Entre estas últimas se encuentra la espuela giratoria (foto nº 12), cuyo movimiento y colocación estratégica usé en el pasado para bromear con algunas chicas; la calavera vacuna (foto nº 6), de las más valoradas como objeto de coleccionista, con su número de serie y todo; el cargador de pistola Colt (foto nº 11) con su tambor rotatorio, o la que oculta un mechero Zippo (foto nº 14), cual cría en bolsa de canguro. Varias han perdido su color original, brillo y estética por uso y desgaste, pero también su dueño y ellas no se quejan.


 Fotos nº 11 (Tambor) y 12 (Espuela)


   Mi incipiente “tripita” hace que la hebilla de la vaca (foto nº 6) o la de Harley Davidson (foto nº 5) me cueste lucirlas, porque esas alas y cuernos pinchan, cual infidelidad en el corazón, y dejan marca (sólo corporal, por suerte). Atrás queda aquella tableta abdominal de la que presumía, no como resultado del ejercicio físico sino gracias al aspecto escuálido y raquítico que casi siempre he disfrutado.

 Fotos nº13 (Baraja) y 14 (Mechero)
   Dado que la mayor parte de mi vida laboral se ha desarrollado cara al público, he tenido que vestir ropa acorde con la “buena imagen” que preconiza la sociedad. Por eso, el uso de mis hebillas queda relegado a los fines de semana, junto con mis camisas vaqueras y, mientras me dure mi estupendo flequillo, el peine en el bolsillo trasero del pantalón, resquicio también de mi pasado rocker.